Era lunes y la casa del pan.
Belén queda casi a la par de Jerusalén, a nueve kilómetros, y hay que pasar una frontera, porque pertenece al estado Palestino. En Belén hace frío un lunes. Hace frío y la camisa manga larga de algodón y el suéter prestado y el sombrerito con mariposa bordada. En Belén la puerta para entrar a la iglesia mide como metro y medio (o menos), porque durante Las Cruzadas los templarios entraban con todo y caballo. Le bajaron a las puertas para que no pudiera entrar con los caballos, eso dice el guía judíopolaco. La iglesia de la Natividad en Belén un día lunes es oscura, no tiene bancas y huele a pasado, historia, miles de historias. El altar esta cuajado de dorado (el guía polaco sugirió que era de oro, pero yo no podría asegurarlo): los incensarios, las lámparas, la urna, la cruz; todo es oro, probablemente para ganar más cristianos con la trampa de la opulencia (dicho también por el guía). Si miramos hacia arriba, hay mozaicos bizantinos, con detalles también en oro y concha nácar; eso los hace brillar en la oscuridad. Brillan de verdad. Aunque, nuevamente dicho por el polaco, al parecer el oro y la concha nácar no son los originales, fueron robados, también durante Las Cruzadas.
(A mí me gustó esa iglesia. Pero hacía frío inesperado en Belén y Jerusalén y yo no llevaba abrigo)
Hace once años era lunes y nos movilizamos unos kilómetros hacia el sitio en donde es supuesto que los pastores vieron brillar una estrella. Es una montaña o loma o como quieran llamarle al otro lado de la carretera por la que se llega a Belén. En ese lugar hay pastores con ovejas. Pastores palestinos de verdad con ovejitas blancas de todos los tamaños. Por un dólar los pastores se dejan tomar una foto con la oveja. Por dos dólares te dejan cargar la oveja para una foto con Belén posando también allá al fondo. En esa montaña o loma o como quieran llamarle habían flores amarillas por todo el pasto. Hacía frío y también posé para una foto.
(A mí me gustó ese lugar. Sentí el corazón grande y una felicidad extraña)
Hace once años era lunes. Mi papá había muerto. Y yo solo pensaba en cómo le hubiera gustado saber que yo había estado en Belén con ovejas y pastores e iglesia en donde, representado por una estrella en el piso, había nacido Jesús, exactamente hace dos mil años.

1 comentarios:
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